Un abrazo infinito

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Cuando la lejanía otra vez te llevaba de mi lado,

sentí el mar de mis anhelos por ti palpitantes,

en un instante doblegar pude el presente preso,

de mi memoria confeso de resistir o sucumbir,

a la afable verdad que me impulsó a tus brazos.

 

Y con voz trémula y vergonzosa de mi ser interior,

surgió la voz de la zozobra del preguntar sonoro,

que atravesó el espacio de un instante intenso,

para convertirse en una interrogación del tiempo

preguntando ¿Me quieres dar un abrazo?

 

Las miradas lo dijeron todo, no existía oposición,

en dos almas que se han amado siempre hay amor,

en el acercamiento predispuesto había comprensión,

sorpresa, afecto, atención, sublime amor, todo envuelto

en una mezcla de inusitada relación.

 

Y cuando transformado de interrogación, el abrazo

hecho realidad, la sensación de estoy contigo

era más que unas palabras, eran los brazos sutiles

entregados al alma amada, rodeada con amor para

llenar un vacío de tiempo y de espacio.

 

Sin tregua, ni silencios, por no poder soportar

los sollozos amargos de una infinita soledad,

salieron a la luz envueltos en lágrimas sensibles

delatadoras de tristezas incontenibles y fraguadoras

de mustios recuerdos por el vivido desamor.

 

A su lado, estrechándome a su cuerpo en un abrazo

recibimos de la fuente al palpitante corazón, un halito de

esperanza percibida, de fuerza renovante, de amor, de luz y

vida que nos contenía y acompañaba con valor, ese instante

lo convertimos para siempre en un abrazo infinito de amor.

Pilar Coelloh

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