El arte de componer música

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El arte de componer música requiere de los conocimientos adecuados por parte de del compositor pero además también es necesario inspiración y motivación.

La música es la demostración sublime del sonido en el que los acordes acompasados danzan unos junto a otros creando melodías capaces de emocionar el alma de las personas.

Componer música requiere que el compositor posea el talento musical para hacer de sus obras creaciones que conmuevan a la gente. Para ello el compositor ha de poseer tres características claves además de talento, que puede ser nato o haber sido desarrollado a lo largo de su vida.

  1. Intuición: la intuición permite que el compositor de la obra alcance la comprensión de su creación antes de haberla creado de esta manera al traer la creación musical del mundo de las ideas al mundo real quedará plasmada en su totalidad.
  2. Oído musical: es muy importante que el compositor de una obra musical independientemente si es una sinfonía, una canción, sonata, suite, etc. Ha de saber escuchar con su oído interno musical para dar pie a una creación coherente entre el sonido y el silencio.
  3. Emotividad: el compositor debe ser capaz de transmitir a sus espectadores la emoción de la música mediante la danza de los sonidos siguiendo los patrones que crean el resultado final.

Cada creador es un artista con su creación y como todos sabemos el mundo de la música a pesar de sus reglas, leyes y principios incita a la libertad y al goce de los sentidos.  Cuando se tiene la posibilidad de componer o escribir canciones, sonatas o cualquiera que sea el estilo con el que cada uno disfrute al hacerlo es importante saber utilizar los instrumentos.

La música está compuesta por dos elementos básicos que todo compositor conoce o debería conocer: los sonidos y los silencios. El sonido es la sensación que  percibe el oído al recibir las variaciones de presión generadas por el movimiento vibratorio de los cuerpos sonoros, transmitiéndose por el medio que los envuelve, que generalmente es el aire de la atmósfera. Por el contrario, la ausencia perceptible de sonido es el silencio, aunque es una sensación relativa, puesto que el silencio absoluto no se da en la naturaleza.

Para componer música también debemos conocer los elementos característicos que la constituyen, creadas a partir de la coherencia obtenida entre la interacción del sonido y el silencio.

Armonía: siendo la unidad básica el acorde o tríada, que se encarga de regular la concordancia entre sonidos que suenan simultáneamente y su enlace con sonidos vecinos.

Melodía: es un conjunto de sonidos que suenan sucesivamente uno después de otro percibiéndose con identidad y sentido propio. También debemos tener en cuenta el “discurso melódico” que son los silencios, parte de la estructura de la melodía. Cuando hay dos o más melodías simultáneas se denominan contrapunto.

Métrica: hace referencia a la pauta de repetición en intervalos regulares, y en ciertas ocasiones irregulares, de sonidos fuertes o débiles y silencios en una composición.

Ritmo: es el resultado final de los elementos anteriores. Se trata de la capacidad de generar contraste en la música debido a las diferentes dinámicas, timbres, texturas y sonidos. En la práctica se refiere a la duración en sí misma, es decir, a la acentuación del sonido y la distancia temporal que hay entre el comienzo y el fin.

Como vemos el arte de componer música requiere no solo de una buena predisposición sino también de conocimiento. Lo importante es la práctica y la motivación que posea el artista para hacer su creación inmortal.

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